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Entrevista a Israel Galván

Por Laura Pacheco
Entrevista a Israel Galván


"Hay que revitalizar el flamenco"

A su paso por Brasil durante la 28º Bienal de Arte Contemporáneo de Sao Paulo con su espectáculo Solo, el bailaor sevillano Israel Galván concedió una entrevista exclusiva a la periodista brasileña e investigadora de danza Laura Pacheco, de la Universidad Federal de Bahía. Siempre muy concentrado y generoso, Galván respondió a todas las preguntas exponiendo sus opiniones sobre la relación entre lo tradicional y lo contemporáneo en el flamenco, la proximidad de su obra con las artes plásticas y con otras técnicas de la danza, la investigación sobre la gestualidad como parte de su proceso de creación, la importancia de reconocer la singularidad de cada bailarín o su visión sobre la situación actual del flamenco, entre otros asuntos.

Texto: Laura Pacheco
Traducción: Miguel Ángel García







P- Algunos críticos de arte contemporáneo en Brasil están considerando su Solo, presentado en la 28º Bienal de Arte Contemporáneo de Sao Paulo, como una obra plástica, y no solamente como una coreografía de danza. ¿Qué piensa usted al respecto?
R- Creo que la danza y las artes plásticas están muy próximas. Pero me parece que el campo de las artes plásticas está mucho más abierto a experimentar con el flamenco de lo que el flamenco experimenta con las artes plásticas.
Yo, sin embargo, al explorar la relación de mi cuerpo con los objetos, siento que me voy aproximando cada vez más a las artes plásticas. En uno de mis espectáculos, por ejemplo, hago un duo con una mecedora de hierro. En El final de este estado de cosas, redux, bailo encima de un tablao móvil e inestable; inserto proyecciones de vídeo de una alumna libanesa que baila una de mis coreografías durante un bombardeo de Israel a su país, mientras se escucha el audio de las bombas reales en el espectáculo. En fin, todo eso tiene mucho que ver con la relación que mantengo desde hace años con el artista plástico Pedro G. Romero, director artístico de mis espectáculos. Considero que hacemos un «flamenco de artes plásticas».

P- Usted está considerado como un bailarín flamenco bastante vanguardista y contemporáneo y muchos hablan de su trabajo como de una especie de «flamenco-contemporáneo». ¿Cómo percibe esta cuestión?
R- Pienso que todos los movimientos que existen en el cuerpo humano pueden coincidir. Los movimientos de un bailaor flamenco pueden coincidir con los de un bailarín de la India o con los de un bailarín de danza moderna, por ejemplo. Sin embargo, lo que distingue a uno de otro es su manera de bailar.
Yo considero que me doy mucha libertad de movimientos. Intento que mi energía, mi manera de decir, sea flamenca. Es verdad que en muchos de los trabajos que dialogan hoy con el flamenco se percibe primero el flamenco y, de repente, aparece otra cosa. No digo que esté mal. Hoy en día existen personalidades muy variadas: están aquellos que bailan el flamenco más clásico; otros que usan formas de danza moderna con música flamenca. En mi caso, lo que intento es la libertad de movimiento, la libertad de conceptos, sin perder mi diálogo flamenco.

P- Usted viene de una tradición flamenca en su propia familia, pues sus padres son bailaores. Y, por otro lado, ha pasado también por otras técnicas corporales, como el butoh, por ejemplo. ¿Cuándo comenzó usted a buscar ese camino más personal?

R- Tengo la suerte de tener una familia flamenca. Desde niño, he vivido el flamenco como un juego, algo lúdico. Me recuerdo bailando desde siempre. Mi aprendizaje fue muy clásico, pero decidí cambiar cuando... Bueno, digamos que yo ya sabía que bailaba bien... En fin, un día decido que puedo bailar mal... Pero yo ya sabía mi oficio. Aunque no quería sólo bailar bien, sino encontrar también otras formas y maneras de enriquecerme, de conocerme. Quería encontrar más acentos dentro de mi cuerpo. Me di cuenta de que existen otras cuestiones en el flamenco que deberían ser más exploradas. No se puede estar siempre en el mismo lugar, en el mismo espacio, en la misma idea. Hay que revitalizar el flamenco. Y eso no es malo.
Decidí embarcarme en esa propuesta cuando hice mi primera obra, Los zapatos rojos, para la Bienal de Flamenco de Sevilla. Me pidieron montar algo y yo podía elegir entre quedar bien ante los demás bailando «correctamente» o crear ya una historia propia, mostrar otro rostro, otra cara. Ya había quienes lo apoyaban y decían «sí» y otros que decían «no», como pasa hoy en día. Ya ando haciendo ese tipo de trabajo desde hace diez años.


Solo para Bailar las sombras, Facultad de Bellas Artes de la UCM, 2008. Foto: Stella Sestelo


P- En su propuesta por revitalizar el flamenco, los periodistas y críticos de arte apuntan a usted como una figura anticonformista y vanguardista, pero, a la vez, mantiene fuertes vínculos con las tradiciones. Eso me hace preguntarme si existen límites claros entre lo que es contemporáneo y lo que es tradicional... ¿Cómo entiende usted ese problema de mantenerse vinculado a las tradiciones siendo un artista contemporáneo en el flamenco?
P- Bueno, ya he hecho varias cosas... Por ejemplo, La Edad de Oro es un espectáculo que se ve muy contemporáneo y moderno, porque sólo tiene un guitarrista, un cantaor y yo. Solamente nosotros tres. Esto tiene una repercusión como algo muy nuevo. Es una lectura de la evolución del flamenco, pues actualmente se percibe una tendencia en los espectáculos de flamenco a utilizar diversos instrumentos musicales, mucho más allá de la simple guitarra. Dirigirse hacia lo básico —cante, guitarra y baile— es una propuesta de lectura contemporánea del flamenco en el contexto actual.

P- En el periódico publicado por la 28º Bienal de Arte Contemporánea en Sao Paulo, usted dice que pretende depurar el concepto del flamenco. ¿Qué quiere decir con eso?
R- Depurar es sacar el máximo provecho. Me gusta mucho recurrir a lo básico y crear algo con esos elementos. Por ejemplo, en el Solo lo que hago es la depuración de un bailaor, ya que es solamente el baile lo que se pone en escena. No hay guitarra ni nada más. El bailaor forma parte del flamenco. Ésta es una manera de depurar el flamenco.

P- Me encanta la transición que hace usted en el Solo entre las secuencias de zapateados y los momentos de pausa. Es como si hubiese una suspensión del tiempo en estos momentos. Recuerdo también cuando usted baila con una silla y después se distancia y baila de nuevo mirando hacia ella. Parece dar una idea de la multiplicidad de su propio cuerpo. ¿Cómo se produce ese proceso de creación de las escenas?
R- La idea es que el bailaor siempre está solo en un ensayo, siempre está de frente al espejo. El Solo es como una invitación a mi laboratorio para dejar ver mis ensayos, como cuando alguien entra en tu estudio, ya sea un familiar o un amigo, y se queda observando cómo bailas. Tiene que ver con ese proceso.

P- ¿Con qué tipo de artista le interesa trabajar?
R- Hoy en día, el mundo está muy abierto a todo. Pero incluso conociendo artistas de todo tipo y de diferentes lugares, considero muy importante que mis raices estén en los bailaores, músicos y cantaores flamencos. Es un proceso a medio camino entre percibir lo que hay en el mundo ajeno al flamenco y, de vez en cuando, volver a casa, a las raices. Ésta es mi manera de ver.

P- ¿Considera que su trabajo se acerca también a otros lenguajes, como el teatro o la performance?
R- Pienso que hoy en día está todo muy mezclado. Creo que en lo que más me baso es en el estudio del gesto. Me gusta explorar las posibilidades, las formas de colocar una mano, cambiar la intención del movimiento a partir de un brazo en determinado momento. Pienso más en la potencialidad de esa gestualidad.


P- En el espectáculo El final de este estado de cosas, redux usted baila flamenco con una banda de heavy metal. ¿Cómo se enfrenta a ese problema de cambiar determinados contextos sin dejar de ser flamenco?
R- Cuando se sacan las cosas de contexto en el flamenco, la primera impresión es que aquello no parece flamenco. Pero en este caso del heavy metal —como en todo—, creo que lo primero que se tiene que hacer es una investigación. Este grupo de heavy metal, por ejemplo, es de Sevilla, y hacen una saeta, que no es exactamente un palo del flamenco, aunque está dentro de la cultura flamenca, referente a los autos de la Semana Santa. Esta banda hace una saeta a su manera, y veo en ello un punto flamenco. No es flamenco, es heavy metal, pero... En realidad, todo siempre es una comparación, una relación. Este grupo de heavy metal se llama Orthodox y tienen un «peso» a su manera, que para mí coincide con el «peso» que tiene el flamenco.
Otro punto importante también es que, en un concierto de flamenco, se tiene menos libertad. Pero cuando se quiere tratar de un tema específico en un espectáculo, como ocurre en El final de este estado de cosas, redux —que es una lectura del Apocalipsis—, es necesario rodearse de todos los extremos que se puedan tener hoy en día, ya que es muy diferente un concierto de flamenco a un trabajo con un tema específico llevado a cabo desde el flamenco. Me doy cuenta de que una persona que va a una Bienal de Flamenco en Sevilla o en Jerez ya sabe que el flamenco está formado por una variedad de cuestiones y conceptos que incluyen lo moderno, lo contemporáneo o lo propiamente flamenco, entre otros.

P- ¿Piensa usted que otras personas que bailan flamenco en otros paises pueden ser «flamencas» en su propio contexto y en su propia cultura, no siendo de familia gitana ni teniendo contacto con el flamenco desde niños?
R- Creo que es más fácil para aquél que nació en Andalucía o en ciertos lugares de España con ambiente flamenco. Digamos que hacen el flamenco de forma más espontánea. En este caso, lo que se está haciendo es algo real, y no un disfraz «flamenco». Nosotros, gitanos, no tenemos otra forma de verlo que no sea ésta.
Pero existen muchas otras formas. Conozco muchas bailaoras, bailaores y guitarristas muy buenos que no necesariamente nacieron en este contexto de familia gitana. Aunque considero que cantar es más difícil, a causa de la voz: si no has nacido en este ambiente, suena como algo muy distante...
En la guitarra y en el baile se puede hacer muy bien. Lo verdaderamente importante es que uno no cambie, o sea, que asuma su identidad. No es que de esta manera, si uno es de Brasil, por ejemplo, se vaya a bailar flamenco mezclado con salsa o samba. No pretendo decir nada de eso, sino, más bien, que lo importante es no centrarse solamente en la simple imitación. Lo fundamental es trabajar en el baile para descubrir la propia forma de cada uno, su propia manera de bailar, una forma que sea natural. No tiene que ser el disfraz de una española ni el disfraz de nada. Creo que en el futuro —ahora todavía es difícil—, habrá más apertura para los extranjeros en los grupos y conservatorios de España.

P- ¿Conoce a otros bailarines que vayan por un camino parecido al suyo, que se permitan libertad de creación, que valoren la expresividad del gesto y la idea de revitalizar el flamenco?
R- Sí, claro, hay muchos. Ahora no tanto... Creo que la evolución del flamenco viene de mucho antes: Vicente Escudero ya lo intentaba, Carmen Amaya, Farruco, Mario Maya, Antonio Canales, Eva Yerbabuena, Belén Maya... Cada uno es una individualidad diferente, una manera. Actualmente, disfruto mucho —por edad— con una bailaora muy joven, Rocío Molina, que da a entender que esta evolución del flamenco no se acaba. Siempre hay alguien más joven que anda haciendo cosas nuevas sin dejar de ser flamenco.

P- ¿Cree que un bailarín flamenco es también un tipo de músico?
R- Creo que sí. Es muy importante tener una consciencia musical para el flamenco, porque así puedes crear tu propio ritmo o ritmos musicales, sabes conversar con los músicos, y así puedes dedicarte entonces realmente al baile. Creo que antes de que la música surja, antes mismo de que «suene», el bailaor ya tiene que tenerla asumida por anticipado. Tiene que imaginar la música.

P- En su Solo, ¿usted imagina el toque del compás durante todo el tiempo?
R- En mi Solo hay ritmos libres, que están espaciados. Pero dentro de ellos hay, en mi mente, bulerías, siguiriyas, tangos, alegrías... Todo eso me «suena». Porque, si no es así, es muy difícil transmitir lo que uno quiere bailando, si es algo más alegre o más serio.


P- ¿Cómo definiría usted, en términos técnicos, un cuerpo que baila flamenco?
R- Es muy importante para un cuerpo flamenco que esté «pegado abajo», a la tierra. Aunque a veces esté suspendido en el aire. Es una mezcla, creo yo, entre saltar y volver abajo. El peso y la densidad en el flamenco es algo muy importante. Cuanto más pausado y más abajo, más flamenco. Por ejemplo, los viejos y las viejas gitanas cuando bailan transmiten otra energía. Y por eso todos dicen: «¡Mira qué flamenco!».

P- En su Solo, usted hace algunas veces movimientos que no son reconocidos dentro de los palos del flamenco. ¿De dónde salen estos movimientos? ¿Tienen alguna relación con otras técnicas, como el butoh, la danza contemporánea u otras experiencias?
R- La verdad es que hoy en día veo muchas cosas, muchos trabajos. Hago lo que me gusta, aquello en lo que me siento bien, mas que elegir una técnica determinada. Me gusta cómo un movimiento específico se configura en mi cuerpo. Poco a poco, voy viendo otros bailes, otras danzas, y voy haciendo registros de esos movimientos en mi propio cuerpo.
La cuestión es que hoy en día hay mucha información de danza en internet, en los espectáculos que se ponen en escena, aunque al final tú estás allí, en tu estudio, solo. Es allí donde recuerdo un movimiento que le vi a un bailaor o a una bailaora, a un bailarín japonés de butoh. El baile butoh, por ejemplo, me interesa porque es muy interno, no se pueden hacer pasos sin buscar intenciones. Creo que al final lo que queda es una especie de coctelera en la cabeza y se termina por escoger aquello que se corresponde con lo que uno quiere.

P- ¿Busca explorar estados corporales distintos en este Solo?
P- Sí. La verdad es que son como personajes y, de vez en cuando, me transformo en ellos: uno es más enérgico, otro más vital, otro más viejo, otro más animal... És lo que yo veo en el flamenco: diferentes personajes. En un Solo sin música, sin nada —y este trabajo dura unos 35 ó 40 minutos—, se necesitan una variedad de formas, de diferentes estados. Es como una sinfonía de movimientos, de música con el cuerpo, de ritmo, y hay que encontrar, hay que sacar todo de donde no hay. Son varios gestos. Aquél en el que levanto la ceja con mis dedos, por ejemplo, viene de ese hábito de las mujeres en el flamenco de levantar su ceja cuando bailan. Al hacerlo de esa manera, levantándola con mi propio dedo, acaba siendo también una pequeña crítica al flamenco.


P- ¿Piensa en el público cuando está en escena, quiere sorprenderle, provocarle o generar en él alguna reacción?
R- Estar atento al público es para mí muy importante, pues cambio mucho de ritmo. En cualquier estado que yo esté, el público me provoca un cambio de ritmo y es fundamental tener la sensibilidad para percibir el estado en el que estoy en ese momento y en ese lugar. Es como si tuviese un cordón, un hilo de conexión entre mi cuerpo y el público, para saber transformar la energía cuando yo quiero. Me dejo llevar para creer solamente en ese momento específico de la escena.
Pienso que la coreografía tiene que ser siempre la misma, pero no la manera de hacerla. Tiene que variar, porque, en caso contrario, deja de ser sorprendente. O sea, puede ser siempre el mismo paso, pero la manera de hacerlo creo que no. Se trata más bien de percibir, o de estar atento, a cómo sale, en ese instante, ese movimiento específico.

P- ¿Trabaja también con la improvisación?
R- No, yo tengo todo montado muy pronto. Lo que ocurre es que la manera de hacerlo siempre es nueva. Cuando estoy bailando, solo en mi estudio, repito la misma coreografía, porque voy a bailar en determinado lugar y el paso me sale cada vez de una manera diferente.

P- Usted participa también en festivales enfocados a públicos diferentes al del flamenco, como el Festival de Danza Teatro de Montreal (Canadá) o la Bienal de Arte Contemporáneo de Sao Paulo (Brasil)...
R- Sí, son distintos, pero creo que el artista tiene siempre que hacer su trabajo, independientemente de eso. Puede cambiar el público, pero el artista va a enseñar su trabajo. Al final, un público más relacionado con el arte contemporáneo, con las artes plásticas en general, o con el teatro, puede disfrutar o percibir un determinado punto de tu baile de manera diferente a como lo haría otro público distinto. Cada público disfruta a su manera.

P- ¿Se considera un artista contemporáneo?
R- Yo me considero un bailaor de hoy en día, un bailaor actual. La palabra «contemporáneo», no sé..., puede parecer que bailo danza contemporánea. Me considero un bailaor de flamenco con la libertad de hoy.

P- ¿Tiene planes para el futuro? ¿Qué es lo que pretende investigar más a fondo?
R- Digamos que me interesa la coreografia flamenca, cómo mover grupos de diferentes personas, mover bailarines-bailaores de una manera coreográfica y que sea, sin embargo, una coreografía flamenca. Y que se vea además que en esta coreografía hay una personalidad propia.


*Laura Pacheco es una artista brasileña, periodista e investigadora del Programa de Postgrado en Danza de la Universidade Federal da Bahia (Salvador / Brasil). El tema central de su investigación académica trata sobre las contaminaciones y ecos que se producen entre la danza contemporánea, el flamenco y las artes visuales, siendo el trabajo del bailaor Israel Galván la principal referencia en sus estudios, junto con las contribuciones teóricas del filósofo francés Georges Didi-Huberman. 

Trabaja también como profesora de danza flamenca, bailaora, periodista y redactora. Forma parte de la Compañía de Flamenco de Miguel Alonso (ex-integrante del Ballet Nacional de Cuba) y acumula experiencias en videodocumentación y videodanza, habiendo presentado algunos trabajos en Brasil, Argentina y Alemania. Graduada en Comunicación Social por la Universidad Pontificia Católica de Minas Gerais y actualmente alumna del Curso Profesional en Danza de la Fundaçao Cultural do Estado da Bahia, que imparte formación como coreógrafo-bailarín.



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