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Víctor Ullate recuerda a Maurice Béjart

Víctor Ullate recuerda a Maurice Béjart


Víctor Ullate, maestro, coreógrafo y director, rinde recuerdo y personal homenaje a su maestro, compañero y amigo Maurice Béjart, fallecido el pasado 22 de noviembre, con este texto escrito para www.danza.es, El Portal de la Danza en España

 

Por Víctor Ullate

Una de las cosas que al ser humano más le cuesta aceptar, y en esto coincidimos todos, es la pérdida de un ser querido, ya sea un familiar, un amigo o, como en este caso concreto, mi maestro Maurice Béjart.

La palabra maestro yo no la traduzco como sólo el gran poseedor del saber, sino como la persona que llena de saber, es capaz de transmitirte y enseñarte todo lo que sabe, conoce y ama, sin ningún tipo de reserva y con una absoluta pasión, que hace que tu entusiasmo y afán por aprender sigan creciendo.

Maurice ha sido el más prolífico de los coreógrafos de nuestro tiempo, no sólo en cuanto a la cantidad de ballets que ha creado, sino también por la cantidad de público que ha aficionado a la danza, pues recuerdo bailar en su momento, ante decenas de miles de espectadores, en palacios de congresos, de deportes y grandes jardines al aire libre. Esto fue posible gracias a la maestría que tenía a la hora de concebir espectáculos (más que ballets) donde el ritmo, el contenido y la intensidad del evento siempre estaban presentes en Maurice.

A la hora de crear, Maurice nunca trabajaba con una idea preconcebida, sino que eran sus elementos del momento los que le inspiraban. De cada uno de ellos sabía sacar lo mejor, por poco que fuera y sabía cómo de un defecto hacer la virtud más sublime en un bailarín. Si a esto le añadimos su exquisita forma de añadir texto en momentos determinados, añadir colaboraciones con cantantes, actores u otros bailarines invitados, el resultado era colosal, un gran espectáculo que resultaba atractivo a todo tipo de publico y a través  de él, presentaba la danza como, desde su punto de vista, se merecía. De ahí el resultado, llenar macro-teatros durante semanas, cosa que hoy en día no consigue nadie del mundo de la danza.

Gastón Berger, su padre, fue el que cultivó bien a su hijo, haciéndole beber de sus propias fuentes de sabiduría como músicos, dramaturgos y poetas de su época, sabiduría que Maurice supo plasmar en sus obras e hicieron que fuera considerado como el filósofo de la danza.

La noticia de su muerte, me sorprendió justo antes de salir de viaje hacia Palma de Mallorca, donde la Compañía actuaba y quise dedicar esa función a su memoria. La verdad es que fue un espectáculo emotivo donde sentí la pena de todos los componentes por la pérdida de Maurice, pues todos éramos conscientes del vacío que deja tras su marcha, pero también se respiraba el agradecimiento de todo lo que ha dejado. Al día siguiente partí junto con Eduardo Lao hacia Lausanne, para dar nuestro último adiós a un genio y a un amigo. A la mañana siguiente, bien temprano, ahí estaba junto a su féretro, recordando toda mi trayectoria artística junto a él desde que lo conocí cuando yo tenía 17 años.


Por la tarde a las cuatro, fue la despedida general de todos sus amigos y allí nos reencontramos casi todos, los pocos que quedábamos de la primera etapa y los bastantes de la última en la que estuve en la compañía.

Durante el evento de despedida y junto al féretro en el escenario del teatro Métropole de Lausanne, se colocaron el buda de su padre, el sillón de Molière, un traje de payaso, la mecedora de Bárbara y la banqueta de su cocina. Todos sabíamos su significado, lo cual hizo que las lágrimas brotaran por todos los rincones de la sala y para mí tuvo un significado especial, las distintas músicas utilizadas durante el evento, en concreto la que más veces se utilizo, la barcarola de Offenbach, con la cual disfruté tantas veces en el ballet Gaîté Parisienne, donde yo representaba a Maurice de pequeño (`Bim´) y era precisamente con este tema que moría su maestra de danza Madame Rosanne; nunca olvidaré este momento.

Mauricio nos ha abandonado, dejando un gran vació en el corazón de sus amigos y en el mundo de la danza, pero el amor a su profesión y su talento quedarán para siempre.


Madrid, 28 de noviembre de 2007


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