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Los retos actuales de la danza

Por Guillermo Heras, actor y director teatral. Octubre de 2006.
Los retos actuales de la danza

Sin duda fueron los lenguajes coreográficos durante el siglo XX, una de las experiencias artísticas más apasionantes del pensamiento cultural de ese siglo. Es raro que para un cierto tipo de gente, hablar de filosofía o pensamiento en el mundo de la danza parezca una cosa extraña. A unos, porque siguen encerrados en la idea obsoleta de que las Artes Escénicas son un simple problema de técnica, aunque si van acompañadas de algo de talento, mucho mejor. A otros, porque siguen sosteniendo que ese mundo es un puro territorio de frivolidades y egolatrías que nada tienen que ver con la “realidad”. Esa “realidad” parece que si puede articularse en torno a la literatura, las artes plásticas, el cine e, incluso, el teatro, pero no cuando se trate de un ballet clásico, una propuesta contemporánea, una pieza de flamenco o danza española o, el siempre maltratado espacio del folclore.

Ya hace tiempo que escribí que para mí “la danza es poesía en el espacio”, pero precisamente por ello pienso que detrás de toda propuesta coreútica hay siempre un modo de pensar, de entender la vida y enfrentarse a ella que hace, que lo que parezca a algunos ojos una simple cuestión de maestría técnica, se convierta en mí, en un disparador de pulsiones, ideas y ámbitos de pensamiento.

En otra ocasión dije que a partir de un cierto momento siempre me influyó más en mi manera de entender la construcción escénica, Pina Bausch que Stanislawski, y tal vez fuera porque la emoción y ritualidad que he sentido viendo los espectáculos de la maestra alemana, no ha sido comparable con muchas propuestas teatrales que pretendían explorar en las esencias de la condición humana. Pero viendo a la Bausch desgarrándose en “Café Müller” o las explosiones de belleza en “Nelken” y “1984”, entendí como es tan importante algo que desde entonces he intentado trasladar a los actores que dirijo: “El cuerpo habla”.

Por supuesto que puede existir una retórica de la danza, sobre todo en algunas enfáticas coreografías que podemos contemplar en cualquier género, pero quizás, nunca será tan plomiza como la retórica del teatro. Cuando veo en un paisaje escénico a un grupo de actores que hablan y hablan, sin más sentido que la obviedad del texto, sin duda que valoro mucho más el esfuerzo comunicativo que coreógrafos y bailarines deben hacer para calar en nuestro imaginario sin parloteos estériles.

Por todo ello admiro los discursos que artistas como Balanchine, Bausch, Bejart, Wigman, Keesmaeker, Killyan, Forshyte, Gades, Joos, Carlson, Graham o Cunningham, entre muchos otros nos han legado a lo largo de esa fascinante aventura creativa de la danza del siglo XX. Su aportación no ha sido solamente un hecho circunscrito a su valía en el terreno concreto de su práctica artística, sino que también nos han ofrecido unas posibilidades de entender el mundo que ha enriquecido el legado cultural común.

Evidentemente todo proceso artístico debe evolucionar con el tiempo que le toca vivir y, adentrándonos ya en este siglo XXI convendría reflexionar sobre ciertos aspectos que atañen a los lenguajes artísticos y que, sin duda, les sitúa ante nuevos retos que les ayude a desarrollar y consolidar los caminos ya transitados.

Los retos de la danza en la actualidad no pasan, exclusivamente, por los compromisos éticos, estéticos y técnicos que los profesionales de este arte deben seguir perfeccionando, ya que además de sus alternativas precisas, se debe contar con los retos que deben asumir paralelamente los demás agentes sociales que hacen posible la comunicación artística: Las Instituciones Públicas, los programadores, los medios de comunicación y  los espectadores.

De ese modo estos cinco grandes segmentos deberían reflexionar en común para lograr un frente que permita al mundo de la danza consolidarse como una de las grandes alternativas culturales del siglo XXI.

a)    Las políticas de las Administraciones Públicas de las diferentes áreas territoriales (Estado, Autonomías, Diputaciones y Ayuntamientos) deben implicarse de manera mucho más decisiva en la reforma profunda del tejido productivo y administrativo que gira en torno a la danza. Se deben aumentar los presupuestos de las ayudas generales, pero no sólo para subir el monto de las subvenciones, sino también para fortalecer los circuitos de exhibición, mejorar las escuelas de formación de futuros profesionales, apostar por la creación de Centros Coreográficos en todas nuestras Comunidades Autónomas, así como compañías residentes que optimicen la dialéctica producción/ creación/ exhibición, se debe proteger la memoria de nuestro patrimonio coreográfico histórico y apoyar decididamente la nueva creación, se necesitan desarrollar más Festivales y Ferias especializadas en el mundo coreográfico y realizar campañas de divulgación de los valores de la danza entre todos los ciudadanos. Y como una utopía posible: ¿No habrá ninguna ciudad española que quisiera arriesgarse a abrir o construir un TEATRO ESPACIALIZADO EN EL UNIVERSO DE LA DANZA? Estoy convencido que a medio plazo sería un espacio de enorme éxito y que, daría una personalidad definida y propia a ese entorno cultural.

b)    Los retos para los programadores son decisivos para la consolidación de propuestas coreográficas. Fundamentalmente, todos aquellos que pertenecen al sector público, ya que manejan presupuestos que pertenecen a TODOS los ciudadanos y, por tanto, sus propuestas deberían ser más abiertas y democráticas. Todos los teatros deberían abrirse a la diversidad de los lenguajes que hoy transita la danza, sin exclusiones de ningún tipo, desde el ballet de repertorio a la danza contemporánea, pasando por el flamenco o el folclore. No basta decir que en la actualidad se cubren determinadas cuotas porcentuales, ya que se hacen solamente con los espectáculos más mediáticos, con la exhibición en algunos Festivales Internacionales o con determinadas compañías de bajo costes traídas del extranjero. Nuestros artistas necesitan plataformas de continuidad para sus proyectos y eso pasa por dar estabilidad a las temporadas de danza en todo el país.

c)    Los medios de comunicación también deberían asumir su parte de responsabilidad en los retos del futuro. ¿Cuántos minutos de televisión o de radio se dedican a la danza? ¿Qué lugar ocupan las crónicas de nuestros creadores coreográficos en la prensa escrita? ¿Qué periódicos atienden suficientemente a la crítica de espectáculos coreográficos? Si ya hace años que somos europeos en algunas cosas, no parece que lo seamos a la hora de valorar mediáticamente nuestras Artes Escénicas.

d)    Los espectadores, parte esencial del proceso de comunicación son fundamentales a la hora de apoyar a la danza no como un simple fenómeno de ocio, sino como un total referente de nuestra cultura nacional. ¿Para cuando Asociaciones de Espectadores que se impliquen de verdad en los procesos artísticos y de  exhibición de nuestra creación coreográfica?

e)    Y, por último la reflexión sobre los grandes retos de los creadores (coreógrafos, bailarines, músicos, técnicos, gestores, figurinistas y escenógrafos, etc.), a la hora de enfrentarse al futuro de la danza. La renovación que precisan los códigos coreúticos no sólo corresponden al ballet de repertorio, son absolutamente necesarios en ese amplio territorio de la danza actual. La aparición de nuevas tecnologías, el mestizaje con otras artes, el desarrollo de narratividad procedente de las dramaturgias teatrales, las aportaciones de los artistas plásticos, el mestizaje de músicas, desde las antropológicas a las electroacústicas, la desaparición de fronteras precisas en las Artes escénicas y su contaminación con el circo o el cabaret, la necesaria preparación técnica y humanística…..todo ello constituye un núcleo fundamental de caminos y paisajes lo suficientemente apasionantes para, sin olvidar la necesaria autocrítica y el rechazo a una egolatría a veces presentes en algunos creadores, poder pensar en la danza como una de las aventuras interdisciplinarias más excitantes del Arte del siglo XXI.

Guillermo Heras

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