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Entrevista a Teresa Nieto

Publicada en `Susy-Q. Revista de danza´. Núm. sept-oct
Entrevista a Teresa Nieto

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Teresa Nieto de cabeza

No le gusta andar sobre sus propios pasos. La coreógrafa madrileña Teresa Nieto sigue explorando, buscando siempre nuevas maneras para expresarse. Ahora presenta De cabeza, espectáculo en el que conviven danza contemporánea y flamenco, que se estrena este octubre en Madrid.

Por Raquel Vidales
Foto: Jesús Robisco




Lo suyo es la danza contemporánea pero le tira el flamenco. Lo confirman sus trabajos con Antonio Canales, Belén Maya o el Ballet Nacional de España, así como su participación en el colectivo Arrieritos, de la que es cofundadora. En De cabeza, el próximo estreno de su agrupación Teresa Nieto en Compañía, vuelve a demostrarlo mezclando a sus bailarines Vanessa Medina, Jesús Caramés y ella misma, con Olga Pericet, Manuel Liñán y Daniel Doña, tres jóvenes renovadores del flamenco, creadores de exitosos montajes como Cámara negra y Chanta la mui. Es la nueva aventura de Teresa Nieto (Tánger, 1953), una de las coreógrafas más sólidas de la danza madrileña, que se resiste a acomodarse en su estilo contemporáneo a pesar de haberle reportado galardones como el Premio Nacional de Danza a la creación 2004 o el Max 2007 a la mejor intérprete. En mente tiene ya otro proyecto para 2008: juntarse con Carmen Werner, directora de Provisional Danza, y Mónica Runde, de la agrupación 10 y 10, para crear un espectáculo a seis manos, que surge tras el feliz reencuentro que supuso este año Se ruega puntualidad, un encargo del Festival Madrid en Danza que reunió a nueve coreógrafos de Madrid.

P- ¿Cómo surgió De cabeza?
R- La idea me vino el año pasado viendo bailar a Manuel Liñán, Olga Pericet y Daniel Doña en Cámara negra. Pensé que podría ser la bomba ponerles al lado de mis bailarines. Se lo comenté y les propuse juntarnos para ver qué pasaba. Enseguida dijeron que sí.

P- ¿De qué manera conviven en el montaje la danza contemporánea y el flamenco?
R- Lo que propuse como punto de partida fue la relación entre tres parejas: Jesús con Olga, Manuel con Vanessa y yo con Daniel. Se trataba de que cada pareja encontrara la manera de entenderse bailando cada uno en su idioma. Y creo que el resultado es fantástico porque no es un trabajo de fusión sino de comunicación. Lo importante en esto no está a nivel coreográfico sino en el concepto, porque lo difícil no es imitar un movimiento, sino hacerlo tuyo.

P- ¿De qué manera se enlazan esas relaciones de pareja en el espectáculo?
R- El elemento escenográfico principal, que es un trampolín, marca el conjunto de la obra, como metáfora de cómo cada uno se enfrenta a la vida, al futuro y a sí mismo. El trampolín conforma también una idea de espacio acuático, con la sensación de estar en el agua, y eso repercute tanto en la elección de músicas como en el vestuario, la escenografía y el espacio sonoro.

P- ¿Qué tipo de músicas utiliza?
R- Hay mucha diversidad, sobre todo por el hecho de que cada uno ha aportado sus ideas musicales y también porque a mí me apetecía investigar. Por ejemplo, es la primera vez que uso música electrónica.

P- ¿No hay temas flamencos?
R- No hay flamenco porque los bailarines no quisieron. Ellos están acostumbrados a trabajar con música en directo y les resulta difícil hacerlo con grabaciones. Me pidieron usar otro tipo de música donde poder meter su ritmo y energía de otra manera. Hacen cosas muy flamencas pero sin basarse en sus ritmos tradicionales.

P- Como en su anterior espectáculo, Ni palante ni patrás, ha cambiado su proceso de trabajo habitual basado en guiones cerrados, para nutrirse de las aportaciones de todo el equipo. ¿Tanto le gustó la experiencia?
R- Para mí es un arma de doble filo trabajar así. El lado bueno es que me da más libertad para estar fuera dirigiendo y, sobre todo, que enriquece mucho el trabajo contar con la aportación de gente que en este caso no son sólo bailarines sino también algunos de ellos coreógrafos. La vertiente mala es que me crea inseguridad no saber por qué camino piso, con el peligro de que se vaya por derroteros que yo no quiero. Más que nada porque me preocupa la coherencia, que el conjunto tenga un sentido y un estilo concreto.

P- Cada vez hay más trabajos que mezclan distintos estilos.
R- Lo malo es que se frivoliza mucho, como en todo. Y creo que con la danza contemporánea es más fácil frivolizar que con el flamenco porque parece más fácil. Pero uno no puede hacer un cursillo de contemporáneo y pensar que ya está preparado para fusionarlo con otra cosa, porque las fusiones no se hacen porque uno quiera fusionar, se hacen a pesar de uno. Yo no hago fusión, yo bailo, lo que pasa es que me dejo empapar de lo que me gusta, sea flamenco, fado o lo que sea.

P- De hecho, es una constante en su carrera la exploración de otros lenguajes.
R- Hay gente que toda la vida baila lo mismo, pero yo me aburro en cuanto me sale el mismo paso dos veces seguidas. Otra cosa es el estilo, que se mantiene, pero siempre intento cosas nuevas, igual que en la vida. Y no me pasa sólo a mí, es una corriente generalizada la necesidad de juntarse y ver qué pasa con los demás, como ocurrió Se ruega puntualidad, que fue una experiencia maravillosa porque vimos que era posible acoplarse a los demás.


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