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Entrevista a Mónica Mason, directora del Royal Ballet de Londres

Publicado en Revista Por la Danza. Núm. 72
Entrevista a Mónica Mason, directora del Royal Ballet de Londres


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Entrevista a Mónica Mason

75 años de buen gusto

Por Elna Matamoros Ocaña


Nos encontramos con Mónica Mason, Directora del Royal Ballet de Londres en su hotel del centro de Madrid, con un calor insoportable en la calle. Aparece casi cinco minutos antes de la hora acordada con una sonrisa que transmite amabilidad distante, pero que con la charla se tornará sincera y reflexiva.  Nuestra conversación previa por teléfono, cuando aún estaba en Londres, vaticinaba una charla franca y sin tapujos. Está encantada de haber venido a España, y se refiere sobre todo a la profesionalidad del personal del teatro y a la acogida del público.



P- Por fin el público español va a poder ver el R&J de MacMillan en directo...
R- Sí, estoy muy contenta de venir a Madrid con este programa, porque además es una gran satisfacción para los bailarines españoles de la compañía poder bailar en su país y demostrar por qué eligieron formar parte del Royal Ballet de Londres.

P- En la plantilla vemos maravillosos bailarines invitados, pero es obvio que también dan oportunidades a  bailarines jóvenes de la compañía, ¿cómo lo equilibra?
R- El mecanismo tradicional del RBL consiste en que tú entras como cuerpo de baile y vas ascendiendo por las categorías, pero a veces, si ves que hay huecos en lugares específicos, puedes encontrar bailarines que encajen en la compañía y les ofreces un contrato de solista. Es bastante poco frecuente, y por supuesto los extranjeros suelen venir como primeros bailarines. Tamara (Rojo) vino porque era primera bailarina en el English National Ballet, tenía sentido que entrase con nosotros también como primera bailarina. Es algo flexible.

P- ¿Es algo nuevo, o forma parte de la filosofía original?
R- El RBL siempre reunió a bailarines de las colonias. Desde que se fundó la compañía, en los años 40 y 50,  vinieron – como yo – muchos bailarines de Sudáfrica, Canadá, Australia, Nueva Zelanda... siempre hemos confiado en ellos. Además, Inglaterra realmente nunca ha sido capaz de proporcionar suficientes bailarines para la compañía.

P- Bueno, es que es un país pequeño...
R- Sí, pero es del mismo tamaño que Francia, y la Ópera de París sólo tiene bailarines franceses.

P- Pero no creo que sea comparable, Francia tiene una tradición muy antigua.
R- Sí, por supuesto, y si esa tradición implica a la danza como una forma de cultura – y en una forma amplia – y siempre lo ha hecho, el Estado la apoyará de forma diferente. La Ópera de París recibe un sustento enorme del Estado, y ante la opinión pública queda claro que es una forma artística importante. En el resto de los países del mundo es mucho más difícil.

P- Pero Inglaterra apoya mucho a la danza, ¿no?
R- Sí, pero sólo una pequeña parte de lo que se hace en Francia. El resto viene de instituciones privadas, enormes ayudas de benefactores, además de los ingresos de taquilla.


P- ¿Cómo responde el público de su propio país?
R- De maravilla. En casi todas las funciones tenemos una ocupación del 80-90%. Sólo si hacemos un  programa muy “experimental” caemos al 60%.

P- Entonces ¿la mayor parte del público prefiere los clásicos?
R- Creo que lo que más gusta son tanto los que llamamos “clásicos del siglo XX”: Manon, Romeo y Julieta u  Oneguin, como los “clásicos antiguos”: Lago, Giselle, Cascanueces o Bella. Porque también hay que pensar que... ¡imagina que llega el día en que el Lago no nos llena el teatro!

P- No, no puedo.
R- No, de momento y en general, la gente quiere estar segura de que si va a gastar mucho dinero y va a salir esta noche, quiere conocer el título del ballet y que le garanticen una buena función. Solemos ofrecer 11 programas al año – que es mucho, uno de los mayores repertorios de Europa – lo que significa que cada  tres semanas, más o menos, tenemos un programa diferente. Así que a veces estamos jugando con tres programas a la vez que mezclamos con la ópera; tenemos 140-145 funciones al año en Covent Garden, y son muchas. Tenemos que trabajar rápido y confiar en bailarines que aprendan rápido y puedan cambiar de repertorio o estilos. De esos 11, trato de que al menos 5 ó 6 sean “mixtos”, lo que supone que un 50% de  las funciones son ballets de una noche y el resto, ballets cortos. También es una forma de convencer al público de que una noche de varios ballets puede ser tan interesante como un ballet completo, y que además les permite ver a, si hay 3 ballets, entre 6 y 9 primeros bailarines.

P- ¿Por qué cree usted que en este momento parece que las compañías clásicas europeas se están desmoronando mientras el RBL sigue subiendo?
R- Bueno, yo no sé si eso es cierto. ¿Es verdad?

P- Al menos es lo que nos cuentan...
R- No, yo creo firmemente que el ballet está viviendo un muy buen momento. Mira, cuando conoces las cosas  desde dentro, puedes hablar con propiedad. Creo que en Alemania hay algunas dificultades porque les han cortado los presupuestos, y en Francia hay cierta preocupación porque el Gobierno no quiere seguir ayudando a las compañías más pequeñas como hacían antes, y como están muy interesados en los trabajos contemporáneos, quizás la balanza de las subvenciones esté más inclinada de ese lado. Pero yo creo que Inglaterra está atravesando muy buen momento. Y en Italia las compañías siguen funcionando (Nápoles, la Ópera de Roma o la Scala). América es otra historia...

P- En EE.UU. hay muchísimas compañías clásicas.
R- Cuando de verdad se empezó a extender el ballet en ese país, fue a partir de nuestra primera visita en 1949; creo que el RBL tuvo mucho que ver con eso, porque vieron lo que podía ser el ballet clásico. Durante los años de Fonteyn y Nureyev – los 50, 60 y principios de los 70 – viajamos de costa a costa de los
EE.UU., y después surgieron pequeños grupos, despertaron los restos de los Ballets Rusos y aparecieron maestros. En el siglo XX el ballet clásico se extendió por todo el mundo, y creo que ahora se vive otro momento interesante: China está dando bailarines maravillosos, Japón lleva ya haciéndolo mucho tiempo, los coreanos están bailando muy, muy bien, así que yo creo que el ballet sigue “vivito y coleando”. La única dificultad hoy día es encontrar nuevos coreógrafos que suministren nuevas obras, porque según se crean nuevas compañías, hacen falta nuevos ballets. En todas partes se les da oportunidades, pero conseguir buenos creadores lleva su tiempo, y los talentos excepcionales son muy poco frecuentes,
eso es lo que les hace ser tan especiales.

P- Y ustedes tuvieron a dos de ellos (Sir Frederick Ashton y Sir Kenneth MacMillan), y además, dirigiendo la compañía en diferentes momentos.
R-Fuimos conscientes de la suerte que tuvimos, y cuando ambos murieron, en un periodo de 4 años, la pérdida fue enorme. Pero ni siquiera ellos podrían haber durado eternamente.

P- E incluso en la época en que cada uno dirigió el RBL, supieron mantener un repertorio amplio, y no sólo con sus propios ballets.
R- Esta compañía nunca se levantó en torno a nadie, ni director ni coreógrafo; el RBL iba a ser una compañía nacional, con un perfil internacional y un reconocimiento mundial de talento. Por eso es tan apropiado que tengamos bailarines y coreógrafos internacionales.

P- Dame Ninette de Valois creó el RBL para traer el ballet clásico a su país; así que para empezar (igual que hizo Balanchine) creó lo primero su propia escuela. Aquí ya tenemos buenos maestros y se forman excelentes bailarines, así que ahora ¿qué toca?
R- Bueno, supongo que falta la persona. Es cierto que hay gente con talento; (Nacho) Duato por ejemplo, tiene mucho talento y éxito. Y estamos muy agradecidos a España por los maravillosos bailarines que salen de este país, gente en nuestra compañía y en otras. Pero creo que cuando llegue el momento y la persona esté ahí, tendréis una compañía nacional clásica; se lo digo muchas veces a Tamara (Rojo), porque ella es muy inteligente, le preocupa su país y está orgullosa de ser española. No se pueden forzar las cosas para que pasen; tiene que aparecer quien dé su vida por hacer algo muy específico, que tenga los contactos adecuados, que sea español para que entienda la mentalidad del país, pero sobre todo que tenga una determinación absoluta y una energía ilimitada.

P- ¿Y el equipo adecuado?
R- Claro, las cosas sólo salen bien cuando la gente se junta. De Valois tenía mucha energía y mucho carácter,  pero se unió a un gran coreógrafo (Ashton) y a un soberbio director musical (Constant Lambert). Es curioso, ¡porque en Europa hay tal tradición cultural! Madrid es una gran ciudad, además, tenéis maravillosos teatros, en los que mientras, recibís compañías de fuera...

P- No con la frecuencia que nos gustaría.
R- Es muy difícil hacerse un público. Mucha gente piensa que lo que hizo que el Sadler´s Wells Ballet se convirtiera en Royal Ballet y se metiera en el Covent Garden fue que durante la guerra este grupo de bailarines actuaba por todo el país: atrios de iglesias, naves del ejército, cantinas... gente que nunca habría tenido acceso al ballet lo pudo disfrutar. Por eso se dice que la guerra introdujo el ballet en Inglaterra.
Cuando después de la guerra quisieron reabrir el Opera House, necesitaban una compañía de danza, además de una de ópera. Nosotros ahora siempre estamos buscando un público más joven.

P- ¿Y si las entradas son caras?
R- Obviamente, habrá que esperar un público de más de 35 años. Pero ahora lo que hacemos es ir a por los jóvenes con móviles, con programas de taquilla y ofertas, y que puedan comprar por Internet. Tenemos unos programas educacionales enormes, y el RB School tiene contactos con escuelas por todo el país, así que la red es gigantesca, y tiene que serlo o tendremos todo el público con el pelo blanco. Esa gente tiene buenos sueldos y pensiones; en América ese tipo de público es mayor, porque les gusta comprar abonos, saber que todos los miércoles van a ir al teatro – aunque no sepan lo que van a ver – y dónde se van a sentar. En Inglaterra no funciona tanto; no hay abonos, vendemos por bloques sueltos en taquilla y por Internet. También transmitimos en directo algunas funciones en una pantalla gigante (esponsorizada, claro) en la fachada del teatro. Al principio sólo en la plaza, después lo hicimos en 3 lugares, y ahora en  todo el país: Bristol, Manchester, Birmingham... sólo hay que rezar para que no llueva. Estas cosas funcionan, pero hay que estar trabajando todo el tiempo.

P- Y como referencia ¿reciben apoyo de la Familia Real?
R- Sí, claro. La Reina Isabel II es nuestro Patrón. La Princesa Margarita, hermana de la Reina, venía  muchísimo a vernos, como luego su hija, y fue nuestra President hasta su muerte; ahora el cargo lo ocupa el Príncipe Carlos. Justo antes de empezar la gira hicimos una función especial para el 80 Cumpleaños de la Reina, y recuperamos un ballet que se creó cuando la coronaron en 1953, y se llamaba Hommage to the Queen (Homenaje a la Reina). Como se había perdido la coreografía, hemos hecho otra nueva, con la misma música. Siempre que vienen a vernos, la noche se convierte en una función especial. Su apoyo también es muy importante.

Lo dicho, todo un ejemplo de clase, modales y oficio. Un placer.

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