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Entrevista a Moisés Martín. Un largo camino recorrido

Publicado en Danzahoy por Toba Singer, 3 de noviembre de 2013
Entrevista a Moisés Martín. Un largo camino recorrido

El bailarín español, que durante varios años integró las filas del San Francisco Ballet, en California, fue alumno de María de Ávila en España y hoy, de vuelta en su tierra, forma parte de la Compañía Nacional de Danza. Sus desafíos, sus comienzos y una mirada puesta en el futuro.

“Empezamos a bailar porque nuestra madre quería mantenernos ocupados después del colegio, ya que éramos muy movedizos y nos pasábamos las tardes jugando al fútbol los cuatro en el pasillo de casa –comentó el bailarín español Moisés Martín–. Mi madre, en su juventud, estudió bellas artes y tenía una vena artística: dibujaba y hacía esculturas, y además le gustaba mucho la música y la danza”.

Hace poco tiempo, Moisés formó parte del San Francisco Ballet junto a su hermano Rubén, que aún permanece en la compañía de California. Después de pasar por el HET (Compañía Nacional de Holanda), actualmente forma parte de la troupe de la Compañía Nacional de Danza de España.

Su madre los matriculó en la Escuela Municipal de Danza y Música de Zaragoza, donde aprendieron ballet clásico y música. Moisés estudió saxofón, los dos hermanos gemelos violín, y Rubén –actualmente primer bailarín en el San Francisco Ballet–, guitarra. A los tres años decidieron cambiarse al estudio de María de Ávila, después de que un integrante de su compañía les recomendara su escuela. María de Avila, una de las más reconocidas maestras españolas, les dio una beca completa a los cuatro hermanos.

“En un principio no nos gustaba mucho la idea de llevar medias y cinturilla, pero poco a poco Rubén y yo fuimos desarrollando la vocación –recordó–. Los gemelos, sin embargo, como eran tan buenos y se tenían puestas tantas expectativas en ellos, no aguantaron la presión y el dolor físico, y decidieron no continuar”.

 

Danzahoy: ¿En qué momento te diste cuenta de que el ballet no era sólo un pasatiempo, sino que podía llegar a ser tu salida profesional?

Moisés Martín: Cuando empecé en la escuela de María de Avila ya supe que la danza era algo serio y dejé de ser un chico normal. Como no disponíamos de tiempo para poder llevar a cabo todo, decidimos estudiar a distancia. También supuso un gran estímulo el encontrarme con el gran bailarín cubano-americano, Fernando Bujones, con quien participé en un cursillo de verano y quien me dio una clase privada. A raíz de ese momento, Bujones se convirtió en uno de mis bailarines favoritos y un ejemplo a seguir.

D: ¿Qué has aprendido en cada una de las compañías de ballet con las que trabajaste?
MM: Entré a formar parte del San Francisco Ballet a los 19 años. Algo increíble: ¡era una compañía tan importante! ¡Y qué grandes bailarines!: Yuri Possokhov, Roman Rykine, Anthony Randazzo y Christopher Stowell. Grandes no sólo por su brillante técnica, sino sobre todo por su calidad artística. Tuve la suerte de entrar al mismo tiempo que Sergio Torrado, otro bailarín español, y estábamos maravillados de que nos pagaran por bailar y salir de gira. Bailábamos en algunos de los mejores teatros del mundo. Era todo increíble, pero al mismo tiempo sentía una gran presión porque había mucha competencia y había que trabajar durísimo para conseguir papeles importantes. De esa época valoro mucho la riqueza de repertorio y el entusiasmo del público.

D: ¿Y con el HET?
MM
: Al Het National Ballet llegué con 27 años. Podía haber continuado en la compañía de San Francisco, donde me encontraba muy cómodo, también a nivel personal porque trabaja mi hermano, pero sentí que necesitaba conocer otras compañías y estar más cerca de mi familia. En el Het todo empezó muy bien,  y justo, cuando estaban considerando darme los papeles principales de “Cascanueces” y “Giselle”, me lesioné. Es una compañía que tiene mucho prestigio, muy respetuosa con su tradición, sobre todo con el repertorio de Rudi Van Dantzig y de Hans Van Mannen. Tuve la suerte de interpretar el papel de Tibaldo en el “Romeo y Julieta” de Van Dantzig y de trabajar directamente con él. Es un gran artista y trasmite esa pasión que siente por la danza. Para él lo importante es la interpretación del personaje, quiere que seamos capaces de sacarlo adelante nosotros sin que él nos dé muchas indicaciones.

D: ¿Hubo algún momento o experiencia que le haya hecho centrarse menos en su vida interna como bailarín?
MM
: Como consecuencia de mi lesión estuve ocho meses sin poder bailar y eso me provocó una depresión. Tampoco es que estuviera parado, ya que utilicé mi tiempo en sacarme el título de profesor de Gyrotonic. Durante ese periodo me di cuenta de que tenía que ser más generoso con la audiencia. Desarrollé un aspecto más maduro de mi personalidad, quizá debido a que no podía bailar y ocupaba mi tiempo en cosas que no me apasionaban tanto. Al volver de la lesión, la compañía estaba trabajando en “Afternoon of the Faun”, y ahora entiendo lo que significó para mí la “cuarta pared”: hizo que proyectara más hacia fuera. En los papeles que interpreté anteriormente, solía ver un vacío en la audiencia; pero en este papel tuve que llegar hasta más allá de la última fila. El teatro de la Ópera es enorme, así que tuve que hacer un gran esfuerzo.

D: ¿Cuáles son las mayores dificultades y las mayores satisfacciones a las que se enfrenta uno cuando se sufre una lesión?
MM
: Lo que creo es que tenemos una imagen mental de lo que debería ser el cuerpo de un bailarín que no siempre se ajusta a la realidad. En el pasado, no trabajaba mi cuerpo de una manera orgánica; por eso seguramente me lesioné tan joven. No siempre es fácil aceptar tu propio cuerpo y las limitaciones, para así, de esta manera, trabajar sin forzar más allá de nuestras propias limitaciones. Hoy en día soy más consciente de que hay que entrenar el cuerpo de una manera más orgánica; además se disfruta mucho más. Y te sientes más conectado.

D: Recientemente, Sergei Polunin, el bailarín ruso, hizo declaraciones sobre su experiencia y dijo que había empezado a bailar demasiado joven como para darse cuenta de lo que implicaba el prepararse para llegar a ser profesional. ¿Qué opinas de sus declaraciones?
MM: Habla de una falta de normalidad en su vida, porque se convierte en algo muy serio demasiado pronto. A pesar de aprender algo que te gusta y que amas, se pierde un poco la perspectiva, el humor, el divertirse…Dejas de hacer las actividades cotidianas propias de un niño; con tantas horas de preparación es difícil encontrar el equilibrio. Prácticamente, nuestra vida se limitaba a bailar, sin tiempo para relacionarnos como niños normales. En mi opinión, la formación de un bailarín debería incluir otras actividades, como por ejemplo clases de hip hop, pintura, música, cine… Me doy cuenta de que cuanto más me nutro de otras actividades artísticas, mejor compagino mi carrera profesional. Desgraciadamente, no todos estamos hechos para el ballet clásico, por lo tanto estar en contacto con otras artes puede abrirte tu abanico de posibilidades en la vida.

D: ¿Qué impacto te causó viajar a Cuba?
MM
: Pasé mucho tiempo en la calle disfrutando de su maravilloso clima tropical. El carácter de su gente, su música y el sol me impactaron mucho; me di cuenta de que a pesar de no tener recursos materiales, son muy ricos en valores humanos.

D: ¿Qué expectativas tienes con la CND para los próximos cinco años?
MM
: Me encantaría bailar un repertorio muy diverso por lo menos hasta los 40 años. Esto para mí es un gran reto, también seguir disfrutando de lo que hago, viajar e incluir la fotografía como parte del proceso. Me gustaría estudiar Bellas Artes, pintar y fotografiar; necesitaría aprender más recursos técnicos a nivel fotográfico. También me encantaría enseñar y trabajar como instructor de Gyrotonic.

 

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