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Entrevista a Moisés Martín, bailarín principal de la Compañía Nacional de Danza

Publicado en EHD Magazine, Núm. 1, noviembre/diciembre 2013
Entrevista a Moisés Martín, bailarín principal de la Compañía Nacional de Danza

«Ningún médico especialista tras estudiar mi lesión me decía que podría volver a bailar profesionalmente. Eso me hizo vivir una crisis personal y tener que asumir con mucho dolor que debía aceptar que mi carrera profesional había acabado y tenía que encontrarme y encontrar otras alternativas profesionales. Cuando dejé de buscar la cura de mi lesión y la acepté, cuando comencé a dejar de prestarle atención y centrarme en encontrar alternativas profesionales, apareció la mejoría y pude volver a bailar profesionalmente».

Nacido en Reus el 30 de abril de 1980, Moisés Martín se muda a vivir a Zaragoza a los 2 años. Comienza a practicar ballet en el 1989, junto a sus 3 hermanos como una actividad extraescolar en la Escuela Municipal de Danza de Zaragoza.  Cuando decide que el ballet es algo más que un hobbie, comienza a estudiar profesionalmente en el Estudio de María de Ávila en el año 1992.
En 1994, gana el segundo premio en la Competición Internacional Lucienne Lamballe celebrado en Bayona (Francia).
En 1995, gana el primer premio en la misma competición.
En 1997, con 17 años, se traslada a San Francisco desde Zaragoza al ganar una beca del Ministerio de Cultura para continuar su formación en el San Francisco Ballet School. Al acabar los estudios 2 años después, es contratado por el San Francisco Ballet. En el 2005 se convierte en el bailarín solista de la compañía. Y permanece en ese puesto hasta el 2007.
Desde el 2007 al 2011, segundo solista en el Dutch National Ballet de Amsterdam (Holanda).
En 2012 se forma profesionalmente como instructor de Gyrotonic (Portugal).
En la actualidad y desde septiembre de 2012 es bailarín principal de la Compañía Nacional de Danza de Madrid (España).
También está terminando una formación profesional como instructor de Pilates e imparte clases de Gyrotonic en Madrid.
A lo largo de su trayectoria profesional ha realizado giras internacionales por todo el mundo con las diferentes compañías para las que ha trabajado y continua haciéndolo.



Comienzas a introducirte en el mundo del ballet con 9 años como actividad extraescolar. ¿Cómo es que eliges el ballet? ¿Te gustaba?

Comenzamos porque éramos 4 hermanos y mi madre quería que tuviéramos conocimientos culturales y artísticos, por ello comenzamos con ella como actividad extraescolar. No me gustaba, la verdad, no sentía que el ballet fuera algo innato en mí.

¿Cómo pasa de actividad extraescolar a tu profesión?

Porque cuando comenzamos en la Escuela de María de Ávila en Zaragoza todo cambió. El ballet se volvió una cosa más seria, ya no íbamos al colegio a estudiar, estábamos todo el día estudiando ballet y la educación escolar la realizábamos a distancia. Gradualmente en esta época la vocación y el gusto por el ballet comenzó a aumentar gracias a la manera de enseñar de María, que nos inculcó un gran amor por la danza. No nos planteábamos poder vivir de ello, pero nos gustaba mucho y lo disfrutábamos, sobre todo mi hermano Rubén y yo, que somos los que a día de hoy nos dedicamos a ello profesionalmente.

Ganas con 17 años una beca del Ministerio de Cultura para irte a seguir estudiando a San Francisco a la escuela de la compañía. A los 2 años, con 19, te ofrecen el primer contrato profesional de tu vida y comienzas a realizar giras por el mundo. ¿Qué cambia de ser un estudiante a un profesional?

Al principio no me lo creía, me pagaban por hacer algo que me encantaba, y viajaba por todo el mundo. Muchas horas de trabajo y ensayo, eso sí, el nivel de exigencia y autoexigencia aumenta, las oportunidades para ascender dentro de la compañía había que ganárselas con mucho esfuerzo.

Gradualmente el director comenzó a darme papeles cada vez más importantes dentro de la compañía. Comencé como cuerpo de baile, al poco como solista y después bailarín principal en varias representaciones.

En el año 2007 te ofrecen un contrato de segundo solista en el Dutch National Ballet de Amsterdam…

Sí, cuando el director de la misma me ve bailando para el San Francisco Ballet en una representación en Holanda me ofrece un contrato de segundo solista y me apetecía mucho la experiencia.

En esta compañía estoy 5 años, y en ella es donde tengo la lesión más grave de espalda y durante casi 2 años no pude bailar de forma continuada.

¿Cómo se da la lesión?

La lesión se da de una forma gradual, y en un momento puntual noté un chasquido en la espalda ensayando. Durante los 3 meses posteriores al chasquido empezó a empeorar, no tanto ese punto en concreto del chasquido, sino la espalda en general y las zonas de alrededor. Notaba que se me dormía la pierna, que muscularmente estaba debilitado y no sabía muy bien lo que era. Además, como yo tampoco quería parar de bailar porque acababa de llegar a la compañía y me estaban dando muchas oportunidades quería continuar y no prestarle mucha atención a la lesión porque quería llegar no sólo a lo que ya hacía que era bailar de principal sino conseguir el contrato como tal…

Hasta que me hicieron una resonancia magnética que tuve que solicitar yo porque el fisioterapeuta de la compañía no creía que fuese necesario. En ella y en radiografías se veía el espacio entre L4 y L5 muy pequeño y tenía una gran hernia discal y ahí tuve que parar. Estaba representando el Cascanueces y para poder bailar tenía que tomarme demasiados antiinflamatorios al día, logré terminar las representaciones de esta obra… y en enero de 2009 no podía continuar y paré.

¿Y qué ocurre cuando decides parar porque la lesión te impedía continuar?

Ocurrió que desde enero de 2009 hasta octubre del mismo año no volví a pisar ningún escenario.

Fueron meses de rehabilitación donde probé de todo: médicos en España para rehabilitar que no veían solución, yo me iba estresando y buscando otras alternativas, en Holanda tampoco sabían muy bien qué hacer, probé inyecciones de cortisona y nada…

¿Probaste alguna terapia alternativa?

Si, acupuntura con un médico del deporte en Zaragoza, Luis Montesanos, porque tenía los músculos muy atrofiados de la lesión, y encontré algo de alivio en el dolor y con el tratamiento convencional de fortalecimiento poco a poco algo mejoró.

¿Y qué te decían los médicos sobre tu lesión?

En el verano de 2009, vi a 7 neurocirujanos (2 en Holanda y 5 en Zaragoza), todos me dijeron que no podría continuar bailando al nivel que lo estaba haciendo como profesional porque el daño que se veía era muy grande, aun cuando me hablaban de operación, no me ofrecían ninguna esperanza de recuperación para volver a bailar profesionalmente. Y eso me estresó aún más y me produjo un gran malestar interno.

Y en ese momento…

Decido no hacerme ningún tipo de operación, continuar con el tratamiento de fortalecimiento y acupuntura que fue lo que más me ayudó. Conseguí recuperarme y volví a bailar hasta noviembre de 2010, donde vuelvo a tener otra gran recaída. Y en ese momento me rescinden el contrato porque les tocaba hacerme fijo y porque veían que mi espalda no estaba bien, y lo entendí.
En diciembre de 2010, opto por irme a Cuba durante las navidades a hacer una rehabilitación. Tampoco fue satisfactoria, y ahí decido dejar de bailar definitivamente.

Y en todo este proceso, a nivel emocional ¿cómo estás?

A nivel emocional estaba totalmente decaído, porque mi mente quería continuar bailando pero mi cuerpo decía que no, a pesar de buscar soluciones y ver que no era posible.

Me tocó darme cuenta con 30 años de que lo que había sido mi vida y pensaba que lo iba a ser siempre ya no iba a ser, en el momento más alto de mi carrera como bailarín profesional, la tenía que cambiar y yo no quería. Tenía que pensar en prepararme para aprender a hacer algo más que bailar y poder vivir de ello. Sentía mucha impotencia, me sentía paralizado.

Entonces sin poder volver a trabajar como bailarín, ¿qué decides hacer con tu vida?

Gracias en parte al gobierno de Holanda y al Dutch National Ballet pude hacer una reestructuración laboral en la que se me pagan estudios para formarme en otras áreas. Aquí tenía que buscar alternativas profesionales y una nueva forma de vida.

Decido irme a Portugal con mi amigo de la infancia Samuel Retortillo porque allá el clima era mejor para mi lesión que en Holanda y hacer allí la reestructuración profesional. Allí comencé a hacer cursos de formación profesional de Gyrotonic y Pilates sabiendo que además esos 2 estudios iban a ir bien para mi lesión.

¿Cómo descubres el Gyrotonic?

Lo descubro gracias a Samuel, antes de ir yo para allá, decide ayudarme en la búsqueda de formaciones profesionales relacionadas con la danza, que era a lo que yo quería seguir vinculado aunque no fuera bailando. Lo probé, comencé a entender el concepto y decidí hacer la formación.

Al principio fue muy doloroso por la hernia, pero una vez que empecé a hacerlo intensivo noté un cambio muy notable que me hizo pensar en tomar clases de ballet como hobbie.

¿Y vuelves a bailar como hobbie?


Sí, lo hice de forma gradual, poco a poco volví, sin estrés, con calma, sin expectativas… y volví a hacer alguna representación de forma puntual. Luego me contrataron allí como profesor y poco a poco volví a saltar mientras a la par trabajaba como instructor de Gyrotonic.

¿Cuándo decides volver a bailar profesionalmente?

Me veía bien, y me planteé hacer una audición para alguna compañía de danza, y había una en la Compañía Nacional de Danza de Madrid con un director al que admiraba y me gustaba su forma de trabajar, José Carlos Martínez. Vine a Madrid, la hice y hablé con él siempre diciéndole las cosas como eran, hablé de mi lesión, de cómo había estado, y de que seguía ahí y que a pesar de que estaba mucho mejor no sabía lo que iba a pasar.

¿Te arriesgaste contando tu situación real a pesar de que en el Dutch no te habían renovado por la lesión?

Si, quería ser sincero. Y él decidió contratarme por un año y apostar por mí. Comienzo como bailarín principal en la CND en septiembre de 2012.


¿Cómo haces para, a pesar de la lesión, volver a bailar profesionalmente?

De forma progresiva, vuelvo a bailar como profesional sintiéndome bien, recuperado, pero teniendo precaución y consciencia en el día a día. La lesión sigue ahí, parece que dormida, porque estoy haciendo el trabajo necesario para que esté así.

¿Por qué crees que te recuperas, por los tratamientos, por tu actitud…?

Creo que fue una combinación de factores, pienso que cuando te estás dando de cabeza con una pared tantas veces llega un momento que tienes que cambiar la estrategia.

Tenía que dejar la danza durante un tiempo y desconectar psicológicamente. Enfocar mi energía en otra cosa, ver que hay otras posibilidades de vida, no centrarse sólo en una salida, también darte cuenta que tienes capacidades para hacer otras cosas, no sólo lo que has hecho toda tu vida, que es bailar, y que esas aptitudes adquiridas con la danza de dedicación, responsabilidad, entusiasmo se pueden aplicar a otras cosas que quizá también te puedan llenar aunque no te motiven tanto como la danza.


Y con respecto a los tratamientos, ¿cuál crees que fue el que más te ayudó?

Gyrotonic, porque me ayudó a concebir el cuerpo de una forma diferente a la que tenía creada desde la danza. Tú entiendes al cuerpo y eres el elemento fundamental para la rehabilitación tomando conciencia de cómo utilizar tu cuerpo, la respiración, y saber que lo que le damos al cuerpo, el día de mañana el cuerpo te lo devolverá, así que hay que cuidarlo.

También me ayudó a recuperarme el hecho de ya no tener ansiedad por recuperarme para volver a bailar, sino simplemente aceptar mi situación personal y desconectar del ansia de recuperación profesional y pensar en mi bienestar físico.

Dejaste de buscar y entonces la recuperación llegó a ti…

Sí fue así, cuando acepté que ya no volvería a bailar profesionalmente y comencé a buscar otras alternativas pero siempre cerca de la danza y la satisfacción de la música y formas de expresión… la recuperación llegó. Sin forzarla. Simplemente buscando alternativas que me produjeran satisfacción y no fueran destructivas.

La lesión produjo en tu vida un antes y un después, ¿en qué te ayudó a Despertar y qué has aprendido de ella?

En valorar y apreciar lo que uno tiene, y trabajar en ello. A no darlo todo por hecho.

Me ayudó a tomar conciencia de mi cuerpo, no tomarme las cosas tan en serio, darme cuenta de que demasiado estrés generado por el proceso mental y físico, lo que puede ser es destructivo y no productivo.

A tomarme las cosas con más calma, a no obsesionarme, porque esas tensiones se manifiestan en el cuerpo.

A encontrar vehículos para relajarme, como escuchar música o practicar meditación, hacer yoga…

A que todo es un conjunto y todo está conectado, tanto la alimentación, la calidad de vida, todo ello influye en tu bienestar y en tu forma de ser, en tu estar en el día a día.

También a tener un contacto interno con uno mismo con el Gyrotonic, con la meditación y respiración.

A encontrar respuestas en mí mismo. A saber decir que no. A darme cuenta de que si un día no estoy al 100 % no pasa nada, puedo centrarme en trabajar otras cosas. A no autoexigirme.

¿Cómo entiendes a día de hoy el baile, la danza, ha cambiado tu concepto sobre ella tras este Despertar?

Sí, ahora el baile para mí es un privilegio. La danza me hace feliz, es importante seguir bailando y seguir haciéndolo de una forma diferente gracias a todo lo que he aprendido con esta lesión.

¿Qué le dirías y aconsejarías a los que hoy comienzan en el mundo de la danza con aspiraciones profesionales?

El mejor consejo es probablemente que se mantengan abiertos al mundo en sí, que intenten encontrar conciencia corporal lo antes posible para evitar lesiones y tener una alimentación correcta, dormir bien, estiramientos, invertir en cuidar tu cuerpo siempre sin machaque y trabajando orgánicamente con tu cuerpo que es tu vehículo para el baile y la vida.

También mantener tu mente abierta a algo más que la danza, para desconectar: música, conciertos, artes, fotografía… enfocar tu energía en otras cosas… Que cuando salgan de bailar y ensayar exista otra vida donde disfrutar y desconectar para dejar espacio mental y no autoexigirse en exceso.

Pasaste una crisis curativa con la lesión, ¿con qué crees que estaba relacionada emocionalmente esa lesión de espalda?

Con una falta de aceptación de mi cuerpo tal y como era y en lugar de usarlo de forma diferente buscando posturas no tan forzadas, forcé mi cuerpo para hacerlo mejor y me lesioné. No tomé conciencia de mi propio Ser, de hasta donde mi cuerpo podía o no llegar, y he aprendido a escucharme y centrarme en el presente y a no exigirme. He cultivado la paciencia y abierto los sentidos. Ahora me centro en el presente y no en lo que quiero llegar a ser.

Hoy en día hay muchas personas sumidas en crisis similares pero por diferentes problemas, ¿qué les dirías?

Yo pienso que tal y como están las cosas lo más importante es aceptar las situaciones no con resignación sino desde un punto de vista positivo, la situación es como es, ¿qué alternativas podría tener yo?...
Yo creo que todo lo que venga desde un sentimiento de amor y de apreciar dentro de todo lo malo lo bueno que tiene esa situación, siempre ayuda y hay que centrarse en eso.

¿Y qué es para ti la aceptación?

La aceptación consiste en valorar la situación desde lo positivo, sin juzgarla, sin valorar si es buena o mala. Aceptar las cosas que vienen, así nos ayuda a ver todas las alternativas que puede haber.

No nos podemos olvidar de que el ser humano tiene muchas aptitudes que quizás no conocemos y esa situación desagradable nos ayuda a probar otros campos, descubrir y darse cuenta que uno puede hacer muchas otras cosas. Cuando algo ocurre, es por un motivo; y es una oportunidad para darse cuenta y evolucionar, para ver la vida desde otro prisma y valorar otras cosas, otras aptitudes, otras formas de vida que están esperándonos.

Mi mejor consejo es que acepten la situación por muy desagradable que sea porque no pasa nada, siempre puede haber otra alternativa, y probablemente mejor.

¡¡Gracias por compartir esta experiencia tan íntima y personal con EHD mahazine!

www.ehdmagazine.com

EHD Magazine, noviembre/diciembre 2013

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