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El baile se abre paso en el museo

Publicado por Pablo Caruana en El País, 7 de noviembre de 2013
El baile se abre paso en el museo

 

  • Los centros de arte abren sus programaciones a experiencias provenientes de la música, la danza y el teatro


La coreógrafa La Ribot con la instalación Still Distinguished en la galería de Soledad Lorenzo a principios de este milenio fue la culminación o un nuevo principio del cruce entre artes escénicas y artes plásticas. Pero en estos últimos años la cosa no para. Algo pasa dentro de las artes escénicas, algo se mueve en los museos, algo en los teatros donde se cruzan proyectos y artistas… La artista proveniente de las plásticas Teresa Margolles, después de representar a su país, México, en la Bienal de Venecia del 2009, fue programada con una hermosa acción, “Las llaves de la ciudad”, dentro de un festival de escénicas en Matadero. El coreógrafo Xavier LeRoy el año pasado montó en la Fundació Antoni Tàpies durante dos meses Retrospectiva, una exposición concebida como una coreografía donde encontrábamos a bailarines ocupando todo el espacio expositivo. Momentos vitales de cruce que hablan de un trasiego que este año está llegando a fenómeno. Etiquetas como danza, performance y teatro se mezclan y se superponen en proyectos y festivales.

Ejemplo de ello es Patricia Caballero (en la foto). Bailarina y performer que estuvo ayer en la sala de teatro de Sevilla La Fundición en el festival Mes de Danza y que dentro de un mes estará en el Museo Marco de Vigo dentro de un ciclo dedicado a las artes en vivo, Material Memoria, en el que este mes también podrá verse al poeta y teatrero Pablo Fidalgo, comisario del ciclo, y al coreógrafo portugués Rui Catalao.

Los museos abren sus programaciones a experiencias provenientes de la música, la danza y el teatro: “La integración en el Reina Sofía y en otras instituciones de las escénicas al principio fueron para explicar o acompañar las exposiciones que se programaban, a nosotros nos ha ayudado mucho para explicar la historia del arte del siglo XX en España, por ejemplo”, explica Berta Sureda, directora de actividades públicas del Museo Reina Sofía. “Pero decidimos ir más allá y darle una visibilidad propia independiente. Ahora, por recortes, las escénicas requieren un presupuesto muy grande, se nos ha venido un poco abajo el proyecto. Estamos replanteándolo, centrándonos también en la reflexión teórica y el debate”, explica Sureda que ha conseguido que en estos últimos años pasasen por el museo coreógrafos como Jerome Bel, Olga Mesa, la Societat Doctor Alonso  y creadores provenientes del teatro como Roger Bernat o la compañía Animalario.

Uno de los museos veteranos y pioneros de esta historia reciente es sin duda el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, MUSAC. Hoy mismo, esta institución se verá invadida por artistas escénicos, visuales y sonoros, marabunta de gente que se mueve entre disciplinas y que llegan de la mano del “Proyecto Laboratorio 987”.

Nilo Gallego, artista sonoro pero inclasificable muy ligado a las escénicas, Chus Domínguez, artista visual, y Silvia Zayas, performer entre el video y la coreografía, dirigen este proyecto que se ha ido desgranando en varias fases entre Madrid y León. Esta semana “Laboratorio 987” invita a coreógrafos, artistas sonoros y plásticos para trabajar con una metodología de investigación y libertad donde poder ir ensamblando y construyendo otras maneras de hacer, de componer y de asociar. Abrirán el proceso al público durante tres jornadas el viernes día 15. “Desde hace años hay mucho interés por las escénicas. Por un lado hay toda una corriente que tiene que ver con lo conceptual, lo desmaterializado, lo no objetual, más proveniente de la danza, que creo que está ya incorporado. Y por otro, hay un interés por parte de las instituciones en ver otras manera de relacionarse con el público, algo en lo que las escénicas tienen mucho que decir”, explica Manuel Olveira, director del MUSAC.

El MUSAC además tiene dentro de su programación central de esta temporada dos exposiciones en marcha que transitan por este mismo territorio de cruce. En la primera, Conferencia performativa, que investiga la conferencia como práctica artística expandida, encontramos nombres como Black Tulip o Los Torreznos que muchas veces vemos trabajando en cosos escénicos.

En la segunda exposición, Itziar Okariz Un número finito de acciones, podemos ver una selección de obras que contienen la memoria de performances realizadas por esta artista. Pero la exposición contó desde junio hasta el mes pasado con un ciclo de performances en vivo dirigido por la propia Okariz, artista que además este año realizó, por ejemplo, un taller en el centro de creación Azala que tiene a la danza y las artes escénicas como epicentro. Siguen los cruces.

Así también el público madrileño ya está acostumbrado a desplazarse a Móstoles al Centro de Arte Dos de Mayo para ver indistintamente una exposición, una performance o una pieza de danza. Su ciclo estival, Picnic Session, se ha vuelto un pequeño clásico en el que entre el público puedes ver indistintamente gente proveniente de todas las disciplinas. Punto de cruce donde hemos podido ver desde coreógrafos como Norberto Llopis o Cuqui Jerez hasta artistas sonoros como Siesta. Pero este año, han dado un paso adelante y casi toda su programación gravita sobre la misma pregunta: “Reflexionar sobre la performance y lo performático, sobre cómo poder exponer lo performativo”, explica Ferrán Barenblit, director del centro. “ Así, ahora tenemos la exposición sobre Rabih Mroué, artista libanés que proviene del teatro y en febrero llegaran al CA2M dos exposiciones, una de la artista mexicana Teresa Margolles, La promesa, veterana en tratar el espacio expositivo de manera performativa; y el grupo de arte en acción Los Torreznos, que son el paradigma de esto que estamos hablando”, explica Barenblit. La programación del centro acabará esta temporada con Per/Form, comisariada por Chantal Pontbriand y que llenará el Centro de performances provenientes de varias disciplinas desde el mes de marzo a septiembre.

Los Torrenos, Jaime Vallaure y Rafael Lamata, son buen ejemplo de este arte híbrido. Su trabajo vocal y su clown metafísico al mismo tiempo que socarrón los sitúa más en el campo de las escénicas, pero su tratamiento performático y espacial tiran de ellos a la performance más vinculada con las plásticas: “ Ya empezábamos una pieza, El dinero, diciendo esto mismo, que la gente de la performance nos decía que éramos del teatro y la gente del teatro de la performance”, explica esta compañía que además estará el viernes que viene día 15 de noviembre en el Centro Párraga de Murcia.

“Estamos trabajando en eso, en cómo trabajar la acción presencial en un ámbito museístico durante varios meses”, explica Vallaure quien al preguntarle por esta última ola de lo escénico en los museos dice: “Existe un verdadero cruce de caminos, de artistas que trabajan en esa zona, y existe un verdadero tráfico de ida y vuelta entre lo escénico y el arte. Luego están las instituciones que de manera intermitente van haciendo cosas. A nosotros en los últimos años se nos plantea más este tipo de trabajo. Ahora, por la buena relación que tenemos con el director del CA2M y antes, por ejemplo, en la Bienal de Venecia, pero seguimos siendo unos periféricos”, afirma Rafa Lamata.

Otro artista acostumbrado a transitar entre disciplinas, Marc Vives, y que ahora forma parte de un grupo de trabajo “Objectes d’Estudi” de la Fundació Antoni Tàpies reflexiona: “el grupo de trabajo tienen que ver con este BOOM de querer programar artes en vivo en espacios expositivos, del cuerpo en el museo. Y en vez de hacerlo a la brava hemos querido reflexionar antes de hacer. Aún así vamos haciendo actos públicos que tienen que ver más con la reflexión”. Así, este mismo 20 de noviembre la Fundació Antoni Tàpies, acoge una de las actividades del Ciclo Secció Irregular organizado por el espacio de danza Mercat dels Flors, una charla sobre el accionismo vienés que contará con Manuel Segade. “Sí, se está recuperando la idea de “en vivo” y quizá haya una vuelta de tuerca más, una más, de la danza a lo conceptual. Lo que está claro es que hay una coincidencia, una tendencia, una moda, como lo quieras llamar y los muesos tienen que responder a eso”, concluye.

Algún día quizá veremos programados a Tino Seghal o al mismo Santiago Sierra, tótems de los museos de arte de todo el mundo, en los principales teatros de España. Aunque parece lejos. Ahí el camino de ida y vuelta se completaría.

 

El País

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