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Dignificación de la danza española

Por Carmen del Río Orozco. Córdoba, 20 de diciembre de 2018
Dignificación de la danza española



Frase lapidaria impresa en el librito editado para la celebración del 40 aniversario del Ballet Nacional de España. Enunciado que habla por sí solo tratándose de esta Compañía que arranca según sus anales históricos de 1978 con Gades, sucediéndole Antonio El Bailarín, María de Ávila, Jose Antonio Ruiz, Aurora Pons, Nana Lorca, Victoria Eugenia, Aída Gómez, Elvira Andrés y Najarro. Un elenco de profesionales de la élite del baile español, que, en algunos casos, procedían de sus propias filas. Todos con la pretensión de lograr nuevos objetivos e innovar los diferentes ámbitos de la danza española y la complejidad de estilos que la configuran.

“Dignificar la danza española”, eso es su caminar, su razón de ser, proyectándola por el mundo entero como marca de nuestra cultura. Casi un mes en el Teatro de la Zarzuela con un espectáculo sublime, que apuesta por dar un reconocido homenaje a todos los directores y maestros que han dejado su saber hacer en su paso por el BNE. Piezas siempre actuales por la exquisitez con que cuidan todos los elementos y puesta en escena. Esta finalidad constructiva les honra, así se escribe la historia, así se suma, reconociendo la labor de los que han precedido la Institución tanto en gestión como en docencia o creación. Una apuesta digna que elegantiza a los protagonistas, y así se disfrutó de un BNE que nunca defrauda. Nuestro bailarín cordobés Antonio Correderas a la altura de todas las interpretaciones, saliendo en esta ocasión del cuerpo de baile con puntuales distinciones muy trabajadas en todos los estilos, con una proyección escénica sin igual. Un gran aplauso para el BNE, y los maestros que dignifican el arte de la Danza. (Diario Córdoba, 4 de enero de 2018. Artículo destacado de opinión).

El espectáculo inicia su puesta en escena desplazando a los bailarines por la sala de butaca, por los palcos-plateas y escenario a ritmo de Sorozábal (Preludio acto III “Los Burladores”). Los bailarines, ellos y ellas, van andando y moviendo los brazos, colocando poses y miradas como si de otra coreografía se tratara; van vestidos con diferentes diseños pertenecientes a los repertorios más diversos de que dispone la Compañía realizando un continúo entrar y salir durante toda la música. Gran colorido e interrelación con el público, pues casi les rozan con las telas por la cercanía espacial; se podía observar sus rostros al detalle, palpar sus emociones, captar su simpatía, su agradecimiento al lleno absoluto del Teatro...; un regalo espectacular para el público esta original presentación que fue completada con proyecciones a modo de lluvia de textos, frases e imágenes de los maestros, creadores y bailarines de todos los tiempos que conformaron la Compañía.

En el escenario, abren el espectáculo Eritaña y Puerta de Tierra (de Albéniz) piezas cénit de este espectáculo en lo que a escuela bolera se refiere, con coreografía de Antonio el Bailarín. Como contenido todo un repertorio de pasos y actitudes boleras con una dificultad técnica característica del coreógrafo más universal, que con gusto exquisito en los años 60 revolucionó todo el concepto que giraba en torno a la escuela bolera tradicional. Sin duda, estas piezas beben de lo tradicional en pasos y estilo, pero se anticipaban a su tiempo en la preparación clásica que entrañaba su ejecución.

Otra pieza emblemática de El Bailarín es el Zapateado (de Sarasate), convertido en un clásico de virtuosidad técnica y sonoridad excepcional, caracterizado por la fuerza y garbo que desprende su ejecución, ambos rasgos completan una percusión perfecta, que produce el sonido de los pies exaltando cada una de las notas musicales presentes en la partitura.

Se recrea el Concierto de Aranjuez (de Joaquín Rodrigo), recuperado por Gades para la Compañía, y coreografiado por Dña. Pilar López al mas puro estilo del baile clásico español de los años 50. El 2º movimiento- que es el que se presenta- transporta al público al evocador entorno palaciego que da nombre a la pieza. La bailarina protagonista, con unas carretillas interminables y en continuo dialogo con los bailarines en clave idílico-amorosa, eleva la danza con todo su cuerpo a poesía pura. Los majos castizos del regio Madrid resaltan la nota estilística y argumentativa.

Un extracto de Fuenteovejuna- Lavanderas -coreografía de Gades, y Romance coreografía de Juanjo Linares, ponen la guinda a un folclore popular y al mismo tiempo estilizado, fino, vanguardista con base teatral en el drama homónimo de Lope de Vega. La muñeira en las entrañas del Romance (música de Eliseo Parra) y obra del folclorista con más autoridad y universalidad del País Juanjo Linares, redondeó la propuesta del BNE por lo que significó: un entrañable “canto a Galicia”. Nostalgia, brío, pasión, y, sobre todo, evocación y respeto por todos estos maestros que nos han legado parte de su paso por la vida..., es lo que se respira en todo el espectáculo.

Otro hito importante en la Compañía lo supone el espacio dedicado al flamenco; aquí, la relevante personalidad de Jóse Antonio Ruiz coreografiando Leyenda (música del cordobés Jóse Antonio Rodríguez), que interpretan tres bailarines, nos acerca a la figura a quien homenajea: Carmen Amaya; un mito en este género, pasión, fuerza, el sentimiento hecho carne como la definiría Sebastián Gasch (El Arte de Vivir El Flamenco/ https://elartedevivirelflamenco.com/bailaores03.html).
José Antonio dibuja, en los movimientos sincronizados al milímetro, un auténtico paso a tres quizás representando cada bailarín un rasgo de la singular bailaora: la pasión, la fuerza, el sentimiento...quien sabe, la imaginación es libre.

Otra de las piezas fundamentales que definen al Ballet Nacional es Ritmos, coreografía de Alberto Lorca (música de José Nieto). Esta obra sublimizó a la Compañía en el año 84 elevando a niveles exponenciales el acervo de lo español; con ella la Compañía consolidó un nuevo concepto del baile clásico español bien definido. Pieza reconocida como un ballet clásico español cuales homónimos existen en la danza clásica. Esta creación en su conjunto resume una amplia gama de movimientos estilizados, refinados y cultos procedentes de la amalgama del folclore, la escuela bolera y el flamenco unificándolos en un estilo, que cada vez se instaura con mas fuerza en la danza española, constituyendo la “estilización”, con la admirada Antonia Mercé a la cabeza. “Ritmo” es la palabra clave, y le sobran epítetos; con ella Alberto Lorca- de origen holandés- homenajea a una de las grandes en esta forma de danza: Encarnación López, La Argentinita.

La Danza IX (música de Granados) coreografiada por Victoria Eugenia “Betty” no hace sino manifestar todo el buen hacer profesional, y docente que subyace en esta “Sra.”, dama de la Danza, maestra de maestras. Creada con estilo clásico español para una solista donde el palillo adquiere categoría de concierto. Movimientos amplios, desplazamientos medidos, miradas y pellizcos desafiantes..., un lujo artístico, imposible retener en la retina toda la sucesión de imágenes bellas.

Se cierra el espectáculo con dos piezas muy diferentes, pero de gran belleza; ambas coreografiadas por Antonio Najarro el actual director: Ícaro (música de Dorantes). Un solo creado exprofeso para la celebración del 40 Aniversario del BNE. La mitología se hace realidad en el bailarín versátil que protagoniza la pieza pues su preparación física, su figura y sus destrezas lo hacen o parece volar sin alas, sus saltos parecen desafiar la gravedad. La técnica y preparación física del clásico, lo voluptuoso y grácil de la escuela bolera, la fuerza y arraigo con la tierra del flamenco y el folclore han dado un toque especial a esta pieza que se erige moderna y fresca, pero difícil de encuadrar en un único registro. El espectáculo cierra con un extracto de Sorolla, El Baile con raíz en Andalucía-Sevilla para pasear con todo el elenco la viveza y sentir de esta tierra. Najarro y Manuel Liñán recrean todo un lenguaje sonoro, técnico, gracioso, elegante, vivo, singular con la Compañía al completo. Movimientos de todo tipo y efecto adquieren presencia alternando espacios, protagonistas y elementos como mantones, y palillos recuperando el antiguo flamenco de las bailaoras por antonomasia, así como todo tipo de remates y figuras para terminar de manera apoteósica, como el BNE acostumbra a hacerlo. La música: el piano, el violín, la guitarra y el cante, exultantes. La presencia de Eliseo Parra y la Orquesta de Madrid prestigiando, al igual que los anteriores, la danza.

 

La creación de una compañía estatal en 1978 como el Ballet Nacional de España fue el resultado del esfuerzo y reivindicación de algunas generaciones entre las que estaban gran parte de los coreógrafos evidenciados en este espectáculo, y también otros muchos profesionales que elevaron el nivel de la danza española a categoría de arte, paseándola por el mundo entero cosechando éxitos incalculables. La creación del BNE supone, en primer lugar, un reconocimiento a la riqueza que han mantenido viva todos estos profesionales generación tras generación creando, codificando, trasmitiendo un gran patrimonio constituido por los 4 pilares de estilos- como se recoge en lo editado al efecto-: el folclore, la escuela bolera, el flamenco y la estilización; en segundo lugar, supone un reconocimiento al esfuerzo que realizan sus dirigentes, bailarines y maestros por mantener vivo todo este legado sin dejar de crear otras piezas en contextos mas actuales con la finalidad de proyectar la danza por el mundo entero elevando sus cotas técnicas y artísticas a límites insospechados. Se trata de seguir construyendo y engrandeciendo un arte tan efímero que necesita de tanta transversalidad y multidisciplinariedad en contenidos como son: la danza como materia nuclear, la música como necesidad y fuerza sinergista, la indumentaria, la caracterización, la iluminación, la tecnología, y recursos multimedia... como elementos imprescindibles hoy en día para una puesta en escena rica, y acorde a la sociedad que nos toca, que dé como resultado el excelente nivel del BNE. Estos protagonistas, que en este 40 Aniversario han coreografiado o han gestionado el desarrollo y encumbre de una Compañía dependiente para su funcionamiento del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (insertado en el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de la comunidad de Madrid), son los máximos exponentes en lo que es la ejecución de la danza española en todas sus vertientes. Son el referente para cualquier estudiante de danza, motor para los anhelos profesionales de quien aspire a bailar o a vivir de ésta principalmente en los escenarios, y son fuente de disfrute para una ciudadanía en general que debe educarse y culturizarse con danza de calidad.

Prodigado el valor y buena salud de que goza la Compañía debe exponerse la dificultad para que los estudiantes de danza de las diferentes localidades españolas accedan a conocerla mas allá de lo que supone una grabación, ya que el BNE actúa en pocas localidades españolas. Sería deseable que se les programasen giras por el País, al menos en aquellas ciudades donde existen enseñanzas regladas- por tomar alguna referencia- como son los Conservatorios de Danza.

Por otro lado, sería deseable que se contemplara la posibilidad de admitir entre sus filas un número de alumnado becado o meritorio para ser formados antes de acceder a la Compañía. Así se retomaría el fundamental objetivo de su primigenio director Antonio Gades, que declaraba que “el BNE sea una institución para la formación de bailarines” ...esta idea marcaría un paso adelante en el funcionamiento y proyección de la institución, como también lo sería el lograr acuerdos y proyectos con las comunidades tanto a nivel de difusión como en orientaciones a la docencia.

A Antonio Najarro, al INAEM hay que resaltarle el haber institucionalizado nuevos ámbitos de difusión y acercamiento de la danza a la ciudadanía, como son: las jornadas de puertas abiertas para colectivos como centros educativos, la colaboración e integración con la discapacidad, el BNE en la pasarela de la moda, las nuevas publicaciones y actividades para socializar a través de la danza...; sin duda, esta variedad proyecta la ingente labor del BNE, pero sería necesaria la búsqueda de otros espacios de encuentro, y otros recursos o actividades que llegaran más y a más ciudadanía, pues sigue siendo reducido el ámbito social que ocupa las butacas de los teatros fuera de lo que es la capital de España.

Para terminar, aplaudir el reconocimiento que el BNE dedica a los profesionales que han aportado aprendizaje, piezas y en general valores a lo largo de estos 40 años a la institución; sin esta humildad declarada y evidencias tan tangibles, posiblemente no tendría la salud y nivel que hoy tiene la Compañía. Cada director ha aportado su personalidad, su gestión y creación sin restar un ápice a los predecesores, sin restar una medalla o galardón en voz alta. Esto dice mucho de su actitud y talante de cara a lo constructivo, donde lo anterior da paso a lo siguiente, a lo nuevo pero unido, para sumar porque en el mundo del arte, de la danza, como en cualquier otro ámbito de la vida, todo tiene cabida y si hubiere que “enmendar la plana”, actitud por otro lado también muy normal, que sea de forma “elegante”, lo contrario solo denotaría inseguridad, o un no saber estar a la altura, y el BNE ha estado en todas sus formaciones a la altura, al menos de cara a la galería, a la imagen que debe darse a la sociedad. La visión y sensibilidad de Najarro han dado en la clave.

40 años del BNE coincidiendo con 40 años de democracia en nuestro País han dado mucho de sí, la historia será testigo de cargo del futuro prometedor que se augura para el Ballet Nacional de España, ante el adiós inminente que parece nos dice Antonio Najarro, pues deja el listón muy alto en la dignificación de la Danza Española. El mensaje con el que se celebra este 40 aniversario del BNE es muy claro: avanzar en el presente de la danza valorando y reconociendo el pasado. Este significado puede unirse al viejo valor aristotélico sobre la ética: “que el bien general prevalezca sobre el particular”, pues lo que han aportado en su conjunto todas las personas desde los diferentes ámbitos al BNE (bailarines, coreógrafos, escenógrafos, músicos, sastres, diseñadores, publicistas...), son los que han contribuido al éxito que hoy tiene la Compañía, lo que prevalece sobre cualquier “ego” particular. Que las administraciones educativas y culturales se hagan eco y fomenten en mayor medida la DANZA, y con ello las giras por el País del BNE dignificando también el compromiso profesional de la compañía, incentivando y premiando todo el trabajo que hay detrás.
Un placer el 40 Aniversario para los que disfrutan con buen baile y un lujo haber cerrado 2018 con DANZA.

Carmen del Río Orozco,
 exdirectora del Conservatorio Profesional de Danza “Luis del Río”.
Córdoba, a 20 de diciembre de 2018.

 

 


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