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Antonia Mercé `La Argentina´ o el recuerdo a los grandes del baile español

Antonia Mercé `La Argentina´ o el recuerdo a  los grandes del baile español
Por Cristina Marinero. Periodista especializada en danza













Se cierra el año y este artículo tendría que haberse escrito antes, lo sé. Pero nunca es tarde… (Ya saben el resto). Quería -con ganas- recordar a Antonia Mercé La Argentina porque en este 2006 que se va, se ha cumplido el 70º aniversario de su desaparición. Los aniversarios tienen su función específica de recordar y revivir a quienes siempre queremos tener presentes por el puro placer de sentirles cerca, de subrayar su papel en la Historia general o de hacerles inmortales en las historias de cada uno de nosotros.  Fue el 18 de julio de 1936 en Bayona, cuando Argentina se apagó fulminantemente, después de haber asistido a una representación de bailes vascos en su honor. Antonia (como siempre he escuchado que llamaban con cariño los que la querían, la admiraban o tuvieron la oportunidad de conocerla) entró en el oscuro túnel al mismo tiempo que España comenzaba a desangrarse, la España que ella encumbró con su danza estilizada en todo el mundo, posicionándola en los grandes teatros como el gran arte culto que desde entonces ha sido. Había nacido en 1890 en Buenos Aires por casualidad, por lo que contaba solamente 46 años. Tenía por delante (aunque la guerra habría frenado todo, suponemos) mucho tiempo para transmitir lo que había puesto en escena durante las dos décadas anteriores. Quedó tristemente en el tintero un proyecto de escuela de danza española afianzada en la base culta con que ella la renovó. Había formado el primer ballet español de la historia (1928), después de desmarcarse como la primera intelectual de la danza.

Quienes la hemos conocido a través de otra de las grandes mujeres de la danza del siglo XX, Mariemma, siempre hemos sentido en el estómago ese pellizco inexplicable cada vez que el blanco y negro nos la muestra con todo su esplendor. Contemplar las innumerables fotografías que la han inmortalizado supone navegar por un mundo –como imaginamos debió ser el que se respiraba en las tres primeras décadas del siglo pasado- donde parecía que todo estaba por llegar, donde el genio humano pasó por el tamiz del intelecto lo que hasta entonces sólo se respiraba como rústico. Saber que el baile español vivió un antes y un después desde que ella lo puso patas arriba, mientras saboreaba y extendía coreográficamente su cultura balletística con las composiciones de Falla, Albéniz o Granados, acentúa aún más el mencionado pellizco: imaginamos ese primer momento de Antonia en el escenario, mostrando por primera vez el potencial de la danza española que, conociéndola desde sus bases, renovó como vocabulario del nuevo lenguaje universal en que la estaba convirtiendo.

Ahora que Mariemma,  maestra y coreógrafa de tantas generaciones de bailarines (el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid ha sido bautizado con su nombre) y transmisora de la ideología de la gran Argentina, se encuentra desgraciadamente en ese estado letárgico que la envolvió sin pedir permiso hace dos años, se me hace más necesario recordarla a través de su amor casi religioso por lo que Antonia Mercé hizo y lo que representaba para ella. Valgan además estas líneas, para recordar a Trini Borrull, mujer también casada con la danza, aunque con diferente historia vital, que nos ha dejado de puntillas en su casa de Las Palmas, para quien La Argentina supuso la fuerza de vivir y más aún en sus últimas décadas. Lo que quiera que tuviese la danza de Antonia, abdujo completamente las almas de estas dos mujeres. Mariemma nos lo transmitió con el ejemplo en movimiento, año tras año en aquellas aulas del Teatro Real (antigua sede de la Real Escuela de Arte Dramático y Danza) y la rescató en la celebración de sus aniversarios apoyada por quien tiene el cometido de no dejar que se olvide nuestra danza, el Ministerio de Cultura. Trini, ya octogenaria, difundía su nombre y su papel en el baile español a través de sus conferencias: cuánto cariño y amor hacia nuestra pionera coreógrafa, pilar en el que se han sustentado tantos maestros y bailarines.

Se nos van los referentes, señores. Con Antonia se fue de repente uno de los primeros y los acontecimientos bélicos que siguieron después empañaron su trascendencia. Y en un arte tan efímero como la danza es muy preocupante, a pesar de la grabación audiovisual, el gran apoyo para su transmisión. Es cierto que Antonia Mercé pervive en cierta manera en todos los que nos hemos criado con esos maestros y maestras que se unieron sin dudarlo a su manera de entender la danza española. Pero sería necesario que Antonia, como Mariemma (que cumplirá 90 años en el 2010), La Argentinita (115º aniversario en el 2010), Trini o Antonio (este año se ha cumplido el 10º aniversario de su muerte) tuvieran más presencia en congresos, repertorios, muestras audiovisuales, o celebraciones de aniversarios, tanto teóricas como escénicas… Lo que hicieron -fuera menos o más a ojos de cada uno- tiene que ponerse de manifiesto cada cierto tiempo. Es necesario. No nos podemos permitir el lujo de que se olviden sus obras coreográficas, sus estilos, sus legados, nuestra cultura, al fin y al cabo. Dentro de cuatro años, también en el 2010, se cumplirán los 120 años del nacimiento de Antonia Mercé… Quizás sea una buena excusa para, como ella hizo, volver a poner patas arriba la danza española.

Diciembre de 2006



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